23 - julio - 2019

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Los peregrinos zamoranos vuelven de la JMJ de Río: una experiencia impresionante

02 - agosto - 2013

Los peregrinos zamoranos vuelven de la JMJ de Río: una experiencia impresionante

A estas horas el grupo de 16 zamoranos que ha participado en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) con el Papa Francisco en Río de Janeiro viaja de vuelta a Zamora, donde llegará esta noche. Antes de partir, desde el aeropuerto de la ciudad brasileña nos envía esta crónica el sacerdote José Alberto Sutil, miembro de este grupo.

Río de Janeiro, 2/08/13. Ha pasado más de una semana desde nuestras últimas noticias y es difícil resumir tantas emociones, tantos sentimientos, tantas gracias, tantas vivencias, tanto que nos ha regalado el Señor. Nos habría gustado haber podido ofrecer una crónica diaria, pero el intenso ritmo de la peregrinación y los medios técnicos no lo han permitido. En cualquier caso, ahí van algunas pinceladas y las fotos que les acompañan.

 

Foz de Iguazú: entre la naturaleza y la misión

 

El miércoles 24 de julio partíamos para Foz de Iguazú, ciudad desde donde se accede a las cataratas de mismo nombre en territorio brasileño (el 85 % de este parque natural es de Argentina y sólo el 15 % a Brasil). Los 75 peregrinos tuvimos que dividirnos en dos grupos y volamos en horarios diferentes. Los horarios no se cumplieron, pero al mal tiempo buena cara, y entre risas, canciones y poder alabar a Dios junto con toda la Iglesia en la oración de Laudes, se fue pasando el tiempo.

 

Al llegar a Foz de Iguazú, se nos acogió en el centro de convenciones de la ciudad. Nos sorprendió el cambio climático tan brusco, de la agradable temperatura de la capital, Brasilia, al frío de Iguazú, y es que al ser Brasil un país tan grande, cuanto más al sur, más frío. Pero esta pequeña incomodidad bien valió la pena, pues al día siguiente, jueves 25, pudimos admirar lo que ciertamente es una de las siete maravillas del mundo, las cataratas del río Iguazú, “agua grande” en la lengua indígena.

 

Rezamos Laudes delante de las cataratas y fue impresionante. Hubo una estampa que nos impresionó a todos: tuvimos la suerte de que al final del recorrido pudimos contemplar el arco iris sobre las aguas (signo de la misericordia del Señor con su pueblo, según el relato del diluvio) y la evaporación de éstas, que parecían subir al cielo como incienso de oración y alabanza.

 

Terminada la visita comimos en una churrasquería, un restaurante típico del Brasil que consiste en un buffet libre acompañado de diferentes raciones de carne que van sirviendo recién asadas. Después de la sobremesa, hicimos misión en una de las calles de la ciudad. Un joven estaba mirando y una de nosotros se le acercó, le invitó a unirse, le anunció el amor de Dios y él rompió a llorar. Era incapaz de expresar lo que llevaba en el corazón, pero le pedía a su interlocutora que le siguiera hablando, porque realmente necesitaba escuchar aquello. Terminada la misión, nos trasladamos a la parroquia de San Juan Bautista para celebrar allí la eucaristía. Todos coincidíamos en lo mismo: la naturaleza es como una bella catedral que nos habla de Dios.

 

Río de Janeiro: unidos en torno al Papa

 

Al día siguiente, viernes 26, volábamos por fin a Rio, nuestro destino, sede de la JMJ, Laudes en el aeropuerto incluidos, por supuesto. Al llegar Dios nos sorprendió una vez más. Nosotros pensábamos que estaríamos durmiendo en pabellones o polideportivos o alojamientos comunes. ¡Cuál sería nuestra sorpresa al comprobar que una vez más el pueblo brasileño se convertía en icono viviente del Cristo Redentor del Corcovado, pueblo de corazón abierto y brazos acogedores!

 

Nuestro alojamiento para la estancia en rio era en familias. Nos esperaban desde el domingo, pero llegamos el viernes por malentendidos con la organización general de la JMJ y aún así nos ofrecieron lo que tenían: una misma fe, una misma comida, su misma casa. Nuestra intención ese día era participar en el viacrucis presidido por el Papa, pero hasta que la organización de la parroquia de Nuestra Señora de Fátima y de San Antonio de Portugal no nos ubicó a todos no pudimos hacer nada, y para entonces, el viacrucis estaba ya concluyendo. Al menos pudimos ver las últimas estaciones por televisión y escuchar las palabras del Santo Padre, que no nos dejarán indiferentes: “vos, ¿como quién querés ser, como Pilatos o como el cireneo?”.

 

Al día siguiente tocaba prepararlo todo para la vigilia y la eucaristía de envío de la JMJ. Algunas de nuestras familias de acogida nos habían desaconsejado dormir en la playa de Copacabana, por el frío, la seguridad, etc. Pero decidimos que era lo más práctico, y pertrechados con nuestros sacos de dormir, salimos en marcha hacia la playa más famosa de Rio de Janeiro. Tuvimos que caminar más de 7 kilómetros para acceder al recinto. Era impresionante la riada de jóvenes. ¡Un acontecimiento histórico y estábamos allí!

 

Durante el camino se nos daba un kit de comida para la comida y cena del sábado, así como para el desayuno y comida del domingo. Aparte teníamos la opción de comprar más comida (unos 20 euros) en los establecimientos previstos por la organización, así como la tarjeta de transporte gratuito, el libro del peregrino, un interesante librito con nociones sencillas de bioética y otro manual para ser un autentico discípulo misionero, porque la JMJ no termina en Rio, empieza cuando lleguemos a Zamora... Todo esto junto con la gorra, la camiseta, una botella de agua, una cruz y la mochila del peregrino.

 

Ciertamente estábamos lejos del palco celebrativo, pero no nos importó: las palabras del Papa Francisco resonaron con claridad en nuestros oídos y corazones. Sus sugerentes metáforas, su pedagogía y su franqueza no nos dejaron indiferentes. Cualquier joven auténtico que escuche o lea el discurso de la vigilia se da cuenta de que Cristo y la Iglesia es a día de hoy lo único que puede saciar su sed de infinito... Y así, con este sabor de eternidad, nos fuimos a la cama, perdón, al saco. Muchos peregrinos eligieron la playa para pernoctar, nosotros optamos por el pavimentado cercano.

 

Al día siguiente, domingo 28, día del Señor, celebración de la eucaristía de envío. El Papa fue en coche descubierto hasta el lugar celebrativo y pasó justo delante de nosotros y nos bendijo. Celebramos la eucaristía entre 3 y 3,5 millones de personas, algo de lo que ni el mismo Santo Padre era consciente, tal y como dijo después a los periodistas. Sus palabras nos alentaron a salir, sin miedo, para servir. ¡Ésta es la esencia de un auténtico discípulo misionero! Concluyó la eucaristía con el rezo del ángelus y la convocatoria de la próxima JMJ, un secreto a voces: Cracovia 2016, la que fuera sede episcopal del beato Juan Pablo II, iniciador de las JMJ.

 

A partir de aquí, iniciábamos el camino de vuelta a nuestras casas, llenos de alegría por lo que habíamos visto y oído. Cenamos juntos en un restaurante para aprovechar el crédito de la organización y nos distribuimos por familias.

 

Encuentro con Kiko Argüello y visita a Corcovado

 

Al día siguiente, lunes 29, teníamos cita con los hermanos de las comunidades neocatecumenales de todo el mundo. El ya tradicional encuentro vocacional tuvo lugar en Rio Centro, donde el día anterior el Papa se reunió con los voluntarios de la JMJ. Allí unos 50.000 miembros del camino neocatecumenal disfrutamos de la Celebración de la Palabra presidida por dom Orani Tempesta, arzobispo de Rio de Janeiro, perteneciente a la orden cisterciense y que también ha terminado el camino con su comunidad.

 

El encuentro comenzó con la entronización de la imagen de la Virgen de la Peña, patrona de Rio, y siguió con el anuncio del Kerygma, la palabra de salvación que se cumple en todo aquel que la escucha, el anuncio del amor de Dios por parte de Kiko Arguello. Proclamado el evangelio, dom Orani pronuncio su homilía y a continuación tuvo lugar la llamada vocacional. ¡Impresionante! 3.000 muchachos sintieron la llamada al sacerdocio y 2.000 muchachas a la vida contemplativa, entre ellas una peregrina de nuestro grupo, Noemí, de León. Tras este primer paso, ahora estos chicos y chicas entran en un proceso fuerte de discernimiento para ver qué es lo que el Señor quiere realmente de sus vidas

 

El martes 30 visitamos el parque natural de la Tijuca, donde se encuentra enclavada la imagen del Cristo Redentor del Corcovado. A los pies de la imagen hay una pequeña capilla donde presentamos las intenciones de todos aquellos que nos habéis pedido oraciones y rezamos por todos nosotros. Tras comer en una churrasquería, visitamos el Seminario Redemptoris Mater de Brasilia para la nueva evangelización, un seminario con solo dos años de existencia, enclavado en una zona pobre, de favelas, pero en el que se palpa la alegría de quien ha encontrado el tesoro escondido en el campo y vende todo por ese tesoro.

 

Todavía teníamos una cita muy especial, pues las familias de acogida nos habían organizado fiestas de despedida. El pueblo brasileño es muy cariñoso y afectuoso, incluso habían preparado algún discurso para la ocasión y una cena especial, caipirinha incluida, por supuesto

 

Al día siguiente, miércoles 31, nos trasladamos al santuario de Aparecida, la Basílica mas grande del mundo después de la de San Pedro del Vaticano. Estábamos en la casa de la Madre, y eso siempre es algo especial. Al celebrar la eucaristía, Juan Pablo, director espiritual del Seminario Redemptoris Mater de León, nos invitaba a pedirle cosas grandes a María, precisamente por esto, porque ella es Madre y las madres siempre están atentas de sus hijos.

 

Últimas visitas, y de vuelta a casa

 

El jueves 1 partimos hacia Paraty, una preciosa bahía que nos hace pensar una vez más en la grandeza y belleza de la creación. Las distancias aquí son largas, pues Brasil es un país gigantesco, así que como hay bastante tiempo de viaje, en el autobús hemos rezado Laudes y cada uno damos nuestra propia experiencia de la peregrinación, recibiendo una palabra del evangelio que ilumine también nuestra vida.

 

En Paraty hemos hecho un precioso paseo en barco, surcando y bañándonos en las aguas claras del océano Atlántico. ¿Simplemente turismo? Pues no, porque somos siempre peregrinos, y el Señor quiere también que disfrutemos de la alegría de la fiesta, igual que él hizo en Caná y en tantas y tantas comidas en su vida pública.

 

La peregrinación va llegando a su fin. Hemos viajado a Rio para visitar el pico del Pan de Azúcar y disfrutar de sus impresionantes vistas de la “ciudad maravillosa” y encaminarnos después al aeropuerto rumbo a casa. Intentaremos ofreceros los últimos detalles y algunos testimonios la próxima vez. Hemos aprendido tantas cosas… ante todo, a hacer fiesta, a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, a ser acogedores, a salir de nosotros mismos, a no dejar que se nos robe la alegría, porque al fin y al cabo, si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?

 

 

 

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