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Proyecto Hombre: el compromiso ante las drogas de la Iglesia en Zamora

27 - noviembre - 2013

Proyecto Hombre: el compromiso ante las drogas de la Iglesia en Zamora

Una mesa redonda sobre el pasado y el presente de Proyecto Hombre en Zamora abrió ayer los actos conmemorativos de su XXV aniversario. En él, los responsables de Cáritas Diocesana y directores del centro han valorado especialmente el compromiso eclesial y el papel imprescindible de los voluntarios para ayudar a 4.500 afectados en estos años.

Zamora, 27/11/13. Ayer tuvo lugar en el teatro del Seminario San Atilano de Zamora la mesa redonda “Ayer y hoy. Historia de Proyecto Hombre en Zamora”, que contó con la presencia de los responsables de Cáritas Diocesana y de Proyecto Hombre actuales y anteriores, para hacer un balance de lo que han sido estos 25 años de trabajo.

Moderó la mesa Antonio Jesús Martín, delegado episcopal de Cáritas Diocesana, quien mostró su agradecimiento “a todos los que han hecho posible que en estos 25 años Proyecto Hombre haya servido y ayudado a todas las personas que han pasado por allí, que se calculan en 4.500”. Dio también “gracias a la Diócesis de Zamora, que ha hecho posible que este proyecto surgiera y que pueda seguir llevándose a cabo”, y dirigió un “agradecimiento también a las instituciones públicas por su apoyo”.

Pioneros en ofrecer un método serio y efectivo

La primera y más prolongada intervención fue la del sacerdote Domingo Dacosta, que fue responsable, como director entonces de Cáritas, de la implantación de Proyecto Hombre en Zamora. “La drogadicción en los años 80 sorprendió a la sociedad española y a la zamorana”, aseguró quien en 1985 se hizo cargo de la dirección de Cáritas Diocesana de Zamora. “El problema más fuerte e importante que nos encontramos entonces fue la drogadicción”, señaló.

“Muchas familias cayeron en situaciones económicas graves por el problema de la droga. Nadie daba respuesta alguna a esta problemática, no existían centros de rehabilitación ni planes de prevención. La única vía de las familias era darles dinero para que compraran droga. Este fenómeno sorprendió a la sociedad zamorana, encontrándola indefensa”, añadió.

Según explicó Dacosta, en aquellos años “la Administración sólo era consciente de que este virus social era preocupante, pero no sabía cómo afrontarlo. La iniciativa privada fue entonces la pionera en presentar alternativas, pero procedían de sectas que utilizaban la rehabilitación del drogodependiente como método de captación de adeptos. El centro más importante era El Patriarca. Vimos que se ofrecían allí métodos poco congruentes: separación de las familias, traslado constante de gente, ánimo de lucro, poca implicación en el proceso…”.

Como reacción “surgieron centros serios, como Proyecto Hombre, en Roma, con más fiabilidad”. El antiguo responsable de Cáritas resumió la historia del nacimiento de Proyecto Hombre en Roma, gracias al esfuerzo de un sacerdote, y cómo en otoño de 1985 Cáritas de Zamora empezó a enviar los primeros jóvenes al centro de Proyecto Hombre en Cubillos del Sil (León), “donde empleaban un método que nos convencía”.

Muchos afectados zamoranos acudieron al centro leonés, por lo que poco después “se vio la necesidad de crear Proyecto Hombre en Zamora, una tarea que asumió Cáritas”. Antes se había creado la Asociación Zamorana de Ayuda al Drogodependiente (AZAD), por parte del empresario Vicente Díez, que compró la finca El Chafaril con la idea de abrir un centro terapéutico, que por decisión de la mayoría de la AZAD se encomendó a Cáritas Diocesana para iniciar Proyecto Hombre.

Domingo Dacosta destacó en su intervención “la aprobación y el apoyo del entonces obispo de Zamora, Eduardo Poveda, y la ayuda prestada por la Iglesia diocesana en su conjunto y las congregaciones religiosas en particular, sobre todo las Religiosas del Amor de Dios y las Hijas de la Caridad, que cedieron sendas fincas en el barrio de Pinilla para edificar instalaciones de Proyecto Hombre”.

Dacosta también hizo una crítica de la aconfesionalidad de Proyecto Hombre, ya que “en Zamora este programa se hizo por parte de la Iglesia católica, siendo un centro propiedad de la Iglesia y que seguía la moral cristiana”. Por último, destacó que “Proyecto Hombre ha sido pionero en presentar a la sociedad un método de rehabilitación y reinserción serio y con efectividad”.

La época más dura

A continuación habló Lorenzo Salamanca, director de Proyecto Hombre entre 1990 y 1996. Relató cómo tomó las riendas de Proyecto Hombre en sus inicios que coincidieron con el boom de la heroína y las nefastas consecuencias que acarreaba a aquellos drogadictos que morían de sobredosis en la calle, en los portales, en los hospitales, etc. “La época que viví fue dura porque coincidió con el momento de la heroína. Una droga que demacraba a la gente y aquello conllevaba la marginalidad. La sociedad vivió muchas muertes a consecuencia de esta droga a finales de los 80”, recordó.

El rechazo social hacia los drogodependientes y la drogodependencia era “muy fuerte” en aquel momento, tanto a nivel nacional como “en el barrio, en la ciudad…”. Además las cárceles “se llenaron de drogadictos” llegando a representar el 70 % de los presos.

En medio de este contexto social surge Proyecto Hombre, que “significa una alternativa terapéutica seria” frente a otros programas que eran mero “negocio”. Proyecto Hombre nació con una filosofía que defendía la abstinencia y la creencia en las personas, un programa que “tenía un principio y un fin que no generaba dependencia terapéutica”. Los residentes de aquella época decían que era un programa duro “pero se salía”, señala Lorenzo.

Otro de los aspectos novedosos que introdujo Proyecto Hombre fue el trabajo con las familias. “En Zamora la implicación de las familias de los afectados fue muy importante, pero también hubo implicación de otras familias que no tenían hijos”. Según Lorenzo esas familias que estuvieron desde los orígenes fueron “los garantes del éxito” del programa.

Por otra parte, Lorenzo Salamanca defendió, en nuestro momento actual, y desde su perspectiva ahora externa a la institución, la confesionalidad del programa y el testimonio de vida de la gente que trabaja en Proyecto Hombre.

El papel insustituible de los voluntarios

María Jesús Sánchez, directora de Proyecto Hombre entre 1996 y 2000, afirmó que cuando llegó a Cáritas Diocesana “se trabajaba para que los más pobres de los pobres recuperaran su dignidad. Para mí fue una sorpresa encontrar una Cáritas así, ilusionada por mostrar el amor de Dios”. El siguiente paso fue “descubrir Proyecto Hombre y el equipo de personas que trabajaban allí, muy entregados, que creían en lo que hacían… También encontré a los usuarios, los drogadictos. Allí se les trataba como personas con dignidad, y con esperanza sobre su futuro. Se abrían caminos para recuperar su propia autoestima”.

Por otra parte, Sánchez también descubrió “a los voluntarios, que era una realidad muy firme en aquellos años. Llevaban gran parte del trabajo, con una dedicación responsable, sin escatimar tiempo ni esfuerzo, y comunicadores de valores”. Del funcionamiento interno del centro bajo su dirección, destacó que “se potenció la formación, los aspectos educativos, etc. La comunidad se hizo más abierta y se hizo hincapié en el trabajo de las habilidades sociales”.

Una gran familia

También estuvo presente en la mesa Miguel Baladrón, director de Proyecto Hombre entre 2000 y 2005, quien inició su intervención afirmando: “yo en Proyecto Hombre descubrí una gran familia. Fue una revolución en el tema de las drogas, porque entre todos nos esforzamos en concienciar a muchos drogodependientes de que su problema tenía una solución”.

Además, Baladrón destacó “los valores de la familia, los voluntarios… si no hubiera sido por los voluntarios, no habríamos llegado adonde llegamos. Había gente que no era afectada por el problema ni familia de adictos, y se implicaba y entendía el problema en profundidad”. También señaló que “pasamos tiempos muy difíciles, pero eso potenciaba el trabajo de todo el equipo”.

Una historia en verso

La siguiente directora de Proyecto Hombre en Zamora, María León (entre los años 2005 y 2013), contó su experiencia en verso, y cómo empezó una nueva etapa en el trabajo del centro, “con las comunidades hermanas, unificando los usuarios de los diversos estadios del proceso de rehabilitación. Y sacamos muchas cosas adelante, los chicos siempre responden”.

“Cuánto nos dieron, cuánto confiaron, qué responsabilidad. Muchas personas mejoran, muchas personas salen de este mundo sangriento. Un recuerdo hermosísimo, porque he crecido como persona y como hermana del dolido”, dijo. Y añadió: “el proceso hace el milagro. Cuántas vidas salvadas. Un árbol que tiene un tronco: la Iglesia, Cáritas”.

Proyecto Hombre: acompañar

La mesa redonda concluyó con las palabras de Nuria Martín, que lleva unos meses como directora de Proyecto Hombre. Señaló que el perfil del toxicómano actual es diferente, ya que “ahora viene más dañado”. Así resumió la misión del centro: “nuestro trabajo consiste en acompañar, siempre. Nosotros acompañamos a los residentes, nunca vamos delante o detrás de ellos. Para que ellos hagan un cambio de estilo de vida, y se integren a nivel social y laboral”.

Explicó que actualmente las personas con las que se trabaja “están en régimen interno desde el principio, y seguimos trabajando en tres fases: acogida, conocimiento personal e integración laboral y social”. Actualmente el equipo terapéutico está formado por 13 profesionales y, además, “los voluntarios, que regalan su tiempo y su cariño. Proyecto Hombre en estos 25 años no hubiera sido lo mismo sin los voluntarios que han pasado por esta casa”.

También se ofrece “un apoyo jurídico para los que lo necesiten”. Por otra parte, como consecuencia del cambio social “hemos tenido que desarrollar otro programa del que se ha hecho cargo Cáritas, la Iglesia, de apoyo a los adolescentes y sus familias”. Además Nuria Martín recalcó que “es muy importante el apoyo familiar, que determina el éxito del proceso”.

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