10 - abril - 2020

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Carta del administrador diocesano

17 - marzo - 2020

Carta del administrador diocesano

 

Estimados diocesanos:

Estamos acostumbrados a la libertad de movimientos y a la movilidad en todas sus formas; argumentando que, mientras no interfiramos a los demás en su desarrollo diario, podemos hacer lo que se nos antoje. ¡Y mira por cuánto!, confinados en nuestras casas, y no precisamente por nuestra relación con los demás, sino por un microorganismo que atenta contra nuestra salud, al que, por el momento y esperemos que sea pronto, no se ha encontrado un antídoto que pueda frenarlo.

Situación extraordinaria a todos los niveles: personal, familiar, social, laboral, religioso,… que toca a todos; pues este virus no distingue de territorios, formas de vida, creencias,… y que todos tenemos que colaborar en que esta pandemia del coronavirus pase pronto. 

Notamos una amenaza de lo desconocido que nos ha llevado a tener que restringir nuestros derechos, pues han sido necesarias medidas extraordinarias para dar respuesta a una emergencia de salud pública. Se nos ha planteado un desafío al que, como comunidad humana, tenemos que responder.

Los cristianos somos unos ciudadanos más, que padecemos la situación, y que nuestro sentido de fe y de responsabilidad social nos tiene que llevar, según los principios evangélicos, a ser los primeros en colaborar para que este mal mundial tenga una respuesta satisfactoria.

Las autoridades sanitarias, en lo que concierne a los fieles de nuestra diócesis, por su edad y vulnerabilidad, nos alertan que éstos son los más propensos al contagio; de ahí que, por otro lado, son los que más asisten a nuestras iglesias; por lo que en una decisión muy meditada, rezada y contrastada he decidido cerrar todos los templos a todas las actividades, con gran dolor. Con esta medida, todos sabemos la falta de aislamiento y el contacto que se produce en los templos, queremos colaborar, como ciudadanos, a que se contagie el menor número de personas y esta epidemia dure el menor tiempo posible; y así colaboremos en la respuesta al problema planteado por el coronavirus.

Y en esta situación de confinamiento, de templos cerrados, de falta de referencia comunitaria, tan importante en la vida de la Iglesia, ¿qué?

1.Colaboramos con las autoridades sanitarias cumpliendo las directrices que nos marquen, y lo hacemos de buen grado, no principalmente por exigencias que nos vengan impuestas. La obediencia, en estos momentos, es un signo de mayoría de edad y de cooperación en la resolución del problema.

2.No dejamos enfriar nuestra fe por no poder asistir al templo. “Tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará” (Mt 6, 6), escuchábamos en el texto evangélico que leíamos el miércoles de ceniza, en el comienzo de la Cuaresma. Y la oración en cualquier momento y lugar.

A los pastores, os pido que acompañéis esta “travesía del desierto”, sin referencia al lugar de culto, el templo, estando disponibles en todo momento para acoger y atender a todos, ofreciendo materiales para la oración y el encuentro con Dios, celebrando la Eucaristía en la que oréis por el pueblo, alentando la esperanza de tanta gente mayor y, por tanto, más vulnerable de nuestras comunidades cristianas y de nuestros pueblos. Lo señalaba ya en el pasado comunicado del día 13, y lo repito ahora: haced un ejercicio de “creatividad pastoral”. Conocemos el rebaño encomendado, démosle los mejores pastos aunque no podamos contar con los mejores lugares para ello.

A los consagrados de vida contemplativa: rezad, multiplicad vuestra oración; que la insistencia de la misma seguro que es escuchada. Y a los de vida apostólica, en la referencia a vuestros ámbitos concretos (enseñanza, ancianidad, pastoral,…): no descuidéis vuestro compromiso, aunque las condiciones externas no favorezcan. Seguid en estos ámbitos siendo levadura en la masa. 

Y fieles laicos. Este es un momento de gracia para llevar a cabo vuestra misión en el mundo: la vivencia de las dificultades en familia, la responsabilidad en el mundo laboral, la colaboración que pide el civismo en el orden social y la acogida, la comprensión, el acompañamiento, la ayuda…, de la forma que sea, a tantas y tantas personas vulnerables en esta sociedad nuestra zamorana.  El hacerlo, serán signos de esperanza en esta España vaciada, de la que forma parte nuestra Iglesia diocesana.

Que todos nos acordemos de todos (contagiados, sanitarios, políticos, investigadores,…), y recemos los unos por los otros; para que, con la gracia de Dios y la aportación de cada uno, pronto podamos tener una vida en libertad y retomar la normalidad de cada jornada. Que San José, cuya fiesta celebraremos en el confinamiento de nuestros hogares, haga de ellos ámbitos de fe, esperanza y amor, como lo hizo en el hogar de Nazaret; e interceda por nosotros en nuestra necesidad; hoy, vencer el coronavirus.

Zamora, a 17 de marzo de 2020.




José-Francisco Matías Sampedro

Administrador Diocesano, Sede Vacante

 

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