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Diario de un cura durante el coronavirus

23 - marzo - 2020

Diario de un cura durante el coronavirus

 

TIEMPO DE CONFINAMIENTO

 

Sí, seguimos en Cuaresma, sin procesiones, sin Viacrucis al interno o fuera de los templos, sin celebraciones penitenciales y sin misas…, desamparados, es un decir, del aparato eclesial (sacerdotes, templos, comunidad de fieles…). Y ahí estamos nosotros, en este desierto cuaresmal en el que se han convertido nuestras casas, sin apenas horizontes, unos pocos metros cuadrados de habitáculo como si de nuevos eremitas se tratase. ¡Cómo me gusta la forma de entender esta ya casi finiquitada Cuaresma de la buena amiga Elisabeth Aichelin!. Cayó un buen día, años atrás, por Muelas del Pan y se le quedó en el corazón.. Como esos amores que nacen de forma casual y que el tiempo consolida, endurece y edifica. Venía de Alemania, concretamente Gronau. Su lugar de aparcamiento en Muelas del Pan junto a la ermita del Cristo, sobre los murallones del embalse, y en caravana. Allí volvió por años.

 

Cuaresma la que ella misma me describe: “Hoy es el primer día del Ramadán. Como en los veinte años pasados, tengo hambre. Tres o cuatro días más y me acostumbraré sin comida. Para mí (no soy muslina pero amiga de muchos) esto es un signo de respeto y me hace sentir junto a millones de creyentes de buena voluntad, pacíficos y sinceros. Este nuestro tiempo ante la Pascua es un poco igual, pero no tan estricto como el Ramadán. Creo que es bueno para mi cabeza (sic) pensamientos claros, más intimidad con Dios y un poco de orgullo por mi fe”.

 

El confinamiento que, por Ley, nos trae el actual gobierno socialista, tan amigo de saraos, manifestaciones y caceroladas…, nos ofrece ahora la oportunidad no ya del escueto minuto de silencio de nuestros campos de fútbol, muertos por cierto no nos faltan, nos ofrece digo, amplio espacio, multitud de horas a las que no cabe otra cosa que llenar de sentido. Espero que la Orden Ministerial no me impida abandonar el perímetro de mi casa de Moreruela de los Infanzones y salir a ese espacio de silencio del solar con su bosque de negrillos, con su pozo y todo, y recordar aquella escena de Jesús y la Samaritana y llegar a la conclusión de que éste del confinamiento es un tiempo excelente para hacer luz en el pozo oscuro del alma. Este Jesús en quien creemos, sin misas, sin procesiones, sin confesiones comunitarias, sin Semana Santa en la calle, sin iglesias ni

 

sagrarios, está dispuesto a tirarse al hoyo y llegar hasta el fondo y bajar para dejarnos allí una Luz. Ya le dijo a la Samaritana que a Dios también se le daba culto en el corazón. Ahora, eso sí, ¡hay que arreglárselas!, pero lo tenemos fácil, nos ha dejado el cubo y la soga, no hay por qué jugarse la piel en la zambullida.

 

Me asalta una duda y me pregunto si tras el impasse de estos no sabemos cuántos días muchos de los que se dicen creyentes no se van a preguntarse a su vez si es posible o no vivir sin Dios, sin Sacramentos ni celebraciones de la fe, sin comunidad de referencia. ¿Es posible?. ¡Pues claro que sí!. Lo ven fuera, dentro también de sus propias casas, posiblemente en sus hijos…. ¿Es posible?, me vuelvo a preguntar. La respuesta está en cómo hemos vivido nuestro “encierro”, qué Dios se nos ha acercado, en qué momento y con qué disfraz, en cuál de las dependencias. Eso sí, me digo a mí mismo, a partir de ya, voy a pedirles a los Liturgos, siempre tan pulidos y exactos, que empiecen por encajar estos días de excepción, de confinamiento, dentro de los ya clásicos Tiempos Litúrgicos: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua…, ya pueden introducir este que estamos viviendo y al que bautizamos, todos lo llaman ya así: “Tiempo de Confinamiento”.

 

¡”Esto va a pasar”!, se grita desde los balcones. Esto que vivimos puede que llegue más allá. Muchos viven entre el miedo y la desesperación, pierden las ganas de vivir. Es el momento para que entren en juego los más cercanos, en la sangre o la amistad, es a ellos a quienes les corresponde llamarles a la esperanza. Se va a necesitar.

José Álvarez. Marzo 2020

 

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