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Obispo de Zamora: “sed cristianos convencidos y convincentes”

05 - octubre - 2017

Obispo de Zamora: “sed cristianos convencidos y convincentes”

El curso pastoral 2017/18 ha quedado inaugurado oficialmente con la Misa de la fiesta de San Atilano, presidida por el obispo de Zamora, en la que han participado representantes de todo el pueblo de Dios y dos seminaristas han sido admitidos como candidatos a las sagradas órdenes.

Zamora, 5/10/17. La iglesia parroquial de San Pedro y San Ildefonso se quedó pequeña esta tarde para albergar a toda la gente que quiso participar en la eucaristía solemne de inauguración del curso pastoral de la Diócesis de Zamora, precisamente ante los restos de su primer obispo y patrón, San Atilano, que se veneran junto a los de San Ildefonso de Toledo.

Una celebración que tuvo lugar tras la presentación del objetivo diocesano para este curso pastoral en el Seminario, y que presidió Gregorio Martínez Sacristán, el obispo que ocupa desde 2007 la sede que inauguró en el siglo X San Atilano. Más de 60 sacerdotes concelebraron con él, y también estuvieron presentes miembros de la vida consagrada (institutos religiosos, sociedades de vida apostólica e institutos seculares), laicos asociados, integrantes de cofradías, etc.

Discípulos y misioneros

En su homilía, el prelado comenzó recordando la muerte de Eustaquio Martínez, párroco de Cristo Rey y vicario episcopal para Asuntos Económicos y Sociales, algo que “no tiene que ser motivo de abatimiento para nosotros, sino de fortaleza, mucha fortaleza”.

Llamó a iniciar el curso pastoral “todos juntos, como Iglesia santa, como Diócesis unida, buscando las raíces de nuestra identidad cristiana, buceando en lo más profundo de nuestro ser, dejando herir nuestro corazón por el Señor, nuestro Dios, que nos quiere para sí, nos quiere dedicados a su Reino, para derramar la semilla que Él dejó para bien de toda la humanidad”.

Invitó a trabajar en torno a los dos ejes fundamentales de discípulos y misioneros. “Somos seguidores del Señor Jesucristo, y somos sus testigos en medio del mundo”, subrayó. Y aludió a las distintas vocaciones en la Iglesia (sacerdotes, laicos, consagrados): “que todos arrimemos el hombro juntos, como pueblo santo de Dios, una Iglesia plural en sus carismas”. Por eso pidió que los materiales de formación “no queden en papel mojado. Que todos acojamos esta línea de fuerza diocesana, y dejemos de hacer nuestros propios chiringuitos. No cada uno por su cuenta, sino todos unidos como hermanos, todos implicados”.

Llamada a la entrega

Explicó que el ser humano actual “necesita creyentes convencidos y convincentes”, una responsabilidad de todos los fieles cristianos. “Os invito a que no dejéis pasar este año en vacío. A que suméis y no restéis. Sumad, porque es el Señor quien nos invita a dar testimonio, a salir a todos los lugares públicos y periferias de este mundo, manifestando lo que somos”.

“Hagamos un esfuerzo de vida espiritual, de espiritualidad, de menos palabra y más aquí (señalándose el corazón). No es mucho lo que se nos pide, pero muy fundamental. Pido al Señor por todos vosotros, para que estéis dispuestos a hacer del objetivo pastoral el motivo fundamental de vuestra entrega al Señor en las comunidades, en las parroquias, en las cofradías –que sois cofradías cristianas, eclesiales, no sociales ni políticas–, sumándoos todos al conjunto de la Iglesia diocesana”, afirmó.

“Laicos, consagrados, pastores... responded generosamente a esta invitación de vuestro humilde obispo, que os pide, por favor, que hagáis todo lo que podáis para hacer de este objetivo pastoral el centro de nuestra vida cristiana. Queda en vuestras manos, para que no caiga en saco roto y no quede perdido entre las múltiples cosas que hay que hacer. Pero una es necesaria: ser fieles al Señor, ser cristianos convencidos y convincentes. Éste es el objetivo básico de la evangelización en estos momentos”.

Sacerdocio y Seminario

También se refirió al rito de admisión de órdenes de los dos seminaristas que dieron este paso, y les dijo: “tened claro que empezáis un camino que no es de rosas, sino que es cruz, entrega a nuestro pueblo, comunión con nuestros hermanos los presbíteros y con toda nuestra Iglesia. No es un camino para la exhibición personal, sino un camino para la entrega generosa y callada de vosotros mismos para el Señor”. Por lo tanto, continuó, “la comunión con el obispo y con el presbiterio, además de la entrega a nuestro pueblo, son dos cosas que os han de adornar siempre”. Algo necesario en este camino de preparación para el sacerdocio, dijo monseñor Martínez Sacristán, y también para después de su ordenación.

El obispo dijo que “el problema del Seminario lo tenemos planteado, no olvidado. Es un problema por la ausencia de vocaciones. Y esto no sólo es asunto de los sacerdotes, sino de todo el pueblo de Dios. Tenemos que asumirlo con entereza y con decisión. Movemos gente joven... ¿es que nadie va a decir ‘sí’ si lo invitamos a seguir a Jesucristo? ¿Es que Dios nos va a desamparar?”. Y continuó: “sed solícitos en la cuestión vocacional. Hacen falta hombres y mujeres que echan la red directamente e invitan a otros al seguimiento radical de Jesucristo como sacerdotes”. Porque “la cosa va a empeorar, pero Dios necesita hombres valientes y decididos, no temerosos y cobardes. Tenéis que estar dispuestos a darlo todo por Él y por su evangelio”.

El prelado expresó su ilusión de que “la Iglesia diocesana se recomponga, sea fuerte, y no se deje asustar”. De ahí la necesidad de “la fe, la esperanza y la comunión, necesarias para hacer este camino eclesial”.

Después de la homilía tuvo lugar el rito de admisión a las órdenes sagradas, mediante el cual monseñor Gregorio Martínez Sacristán aceptó a Juan José Carbajo y a Millán Núñez como candidatos para el sacerdocio. Por dos veces, ambos seminaristas diocesanos respondieron “Sí, quiero” a las preguntas que les hizo el pastor de la Iglesia en Zamora, antes de invitar a todo el pueblo de Dios a rezar por ellos y por todas las necesidades de la comunidad cristiana. Después, el obispo los bendijo.

Nombramiento diocesano

Al terminar la eucaristía, el prelado anunció públicamente que el nuevo párroco de Cristo Rey será Luis Miguel Rodríguez Herrero, hasta ahora párroco de San José Obrero, y de ésta se encargarán provisionalmente los párrocos de San Lázaro.

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