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Obispo de Zamora, al terminar el Año de la Fe: “de la fe a la misión”

24 - noviembre - 2013

Obispo de Zamora, al terminar el Año de la Fe: “de la fe a la misión”

La Diócesis de Zamora ha clausurado solemnemente el Año de la Fe con una eucaristía presidida por el obispo en la iglesia parroquial de Cristo Rey con gran asistencia de laicos, religiosos y sacerdotes. La liturgia se ha iniciado con un lucernario, y en la homilía el obispo ha llamado a vivir la fe en un estado de misión.

Zamora, 24/11/13. Unos minutos después de las 18 horas de hoy la iglesia de Cristo Rey, abarrotada de gente, acogió la eucaristía de clausura diocesana del Año de la Fe. La celebración comenzó con la procesión de los acólitos, los más de 60 sacerdotes y el obispo desde el centro parroquial y la plaza, entrando en el templo mientras toda la asamblea cantaba la letanía de los santos.

Después de venerar el altar y situarse en el presbiterio los ministros, representantes de los 7 arciprestazgos de la Diócesis se acercaron a la lámpara encendida que había llegado en la procesión, y encendieron sus velas de allí para, seguidamente, encender los 7 cirios del altar. Continuó la eucaristía de la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, último domingo del tiempo ordinario, y día final del Año de la Fe.

En el presbiterio recién renovado de la iglesia parroquial de Cristo Rey se encontraban, llevados para la ocasión, dos relicarios de San Atilano, primer obispo y patrono de la Diócesis, y San Ildefonso, arzobispo de Toledo y patrono de la ciudad de Zamora, que custodia sus restos.

La fe, entre la luz y la cruz

En su homilía, el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, afirmó, recordando la encíclica Lumen fidei del papa Francisco, que “la fe es luz que ilumina nuestra vida, por eso hemos empezado esta liturgia santa con un lucernario, para expresar esto: la fe nos ilumina, la fe nos orienta, la fe nos lleva por el camino de la vida”.

Junto a la luz, continuó diciendo el prelado, “en el evangelio hemos visto otro signo que se nos coloca ante nosotros.la cruz de nuestro Señor Jesucristo, que es signo del amor grande de Dios para cada uno de nosotros. ‘Me amó y se entregó por mí’, dice San Pablo. Nosotros hemos de sentir lo mismo ante la cruz. El Señor nuestro Dios nos amó, se entregó por nosotros, es un Dios que nos redimió con su sangre, con su vida”.

“¿Qué es la fe, sino un seguimiento de la cruz de nuestro Señor Jesucristo y del misterio que en él se encierra? ¿Qué es de nuestra fe si le hurtamos este símbolo fundamental y definitivo?”, se preguntó. Y aprovechando “este frontispicio de luz y de cruz”, desgranó las que, para él, son “las tres cuestiones fundamentales que al final de este Año de la Fe deben resonar en cada uno de nosotros”.

Agradecimiento y oración

La primera cuestión fundamental, señaló monseñor Martínez Sacristán, es que “la fe tiene que ser don que se agradece a Dios nuestro Señor. ¿Qué sería de nuestra vida sin fe? ¿Por qué derroteros iría? La fe, que es algo consustancial a nosotros, y que está en nosotros desde el mismo nacimiento, no puede considerarse algo innecesario”.

Por eso, afirmó, “hay que dar muchas gracias a Dios y alabar su nombre y su misericordia, porque en la fe está nuestra salvación y nuestra vida. Gocémonos y regocijémonos de ser practicantes, creyentes en Cristo Jesús”. Por esta razón, la celebración de esta tarde “es de alabanza a Dios porque nos ha dado el don de la fe”.

Y es también una liturgia de oración, yendo al segundo punto que subrayó el obispo. “Porque la fe ha de ser pedida, suplicada, orada. ‘Creo, Señor, pero aumenta mi fe’. Ésa debe ser nuestra oración esta tarde: auméntanos la fe, que mi fe sea fresca, verdadera, alegre, contagiosa, verdadera, grande, nacida del fondo de nuestro corazón. Todos juntos, como Iglesia diocesana reunida, pedimos y suplicamos que no nos falte nunca la fe, y que crezca de día en día”.

Nunca más una fe para uno mismo

“De la fe se pasa a la misión”, fue el tercer elemento destacado por monseñor Martínez Sacristán. “La fe es para la misión, no para tenerla bien escondida y guardada. La fe es para darla, para compartirla con otros”. Por eso, remarcó, al terminar el Año de la Fe “debemos pedir al Señor que nuestro corazón se haga permeable a la realidad de la evangelización, a la realidad de la misión. Nunca más una fe para ser tenida sólo para uno mismo. De la fe, a la misión”.

“Hagamos de este año un año de misión. ¿Por qué? Porque estamos llenos de fe. ¿No han sido misión anticipada algunos gestos que hemos vivido a lo largo de este año como Iglesia diocesana, gestos que han llamado la atención no sólo de los de dentro, sino de los de fuera? Aquellas confirmaciones en el Ruta de la Plata, un gesto eclesial, misionero, diocesano. Un gesto que expresa que somos capaces de hacer más de lo que creemos y pensamos. ¿No es también un gesto de misión verdadera reunir en torno a la Catedral y al obispo a todos los alumnos de los colegios católicos de Zamora?”, afirmó.

Esta fe que lleva a la misión “tiene que ser resultado de un corazón grande, de un corazón que no se arrugue, de un corazón que no piense sólo en las dificultades y en que no se puede. ¡No! Se puede, y se debe. Somos capaces todos nosotros de hacer mucho más de lo que hacemos en el terreno del testimonio de nuestra fe en esta tierra”.

Un corazón grande

El obispo aclaró que el objetivo pastoral de este año 2013-14 “quiere ser una apuesta por un sector joven de población que no tiene la fe, y queremos dársela, a pesar de las dificultades grandes que nos vienen de fuera y de dentro”, refiriéndose sobre todo a los adolescentes que reciben el sacramento de la confirmación.

Y se dirigió especialmente a los presentes –sacerdotes, religiosos y laicos– con estas palabras: “os pido un corazón grande para ser testigos valientes, alegres, apóstoles decididos de la evangelización y de la transmisión de la fe. Que no es una palabra, sino un sentir del corazón hacia los demás invitándoles a que compartan la belleza y la verdad de nuestra fe”.

También mostró su agradecimiento a todos los sacerdotes, por su presencia significativa en la celebración. Y, por supuesto, al resto de los asistentes: “nunca había visto Cristo Rey tan llena como hoy”, dijo dirigiéndose a la asamblea, reconociendo también la presencia de fieles de los pueblos de la Diócesis. Terminó con esta exhortación: “demos testimonio de la fe, cuidemos los gestos y detalles en los casos que necesitan más nuestra ayuda y nuestro testimonio”.

Galería fotográfica

Audio de la homilía del obispo (mp3)

Audio de la profesión de fe (mp3)

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